¿Los hombres cuidan menos su salud que las mujeres?

Estudio del CIAD expone la necesidad de dirigir campañas de promoción de la salud y atención de los hombres con un enfoque humanístico

 

CIAD/VdM, 14 de febrero

 

 

Algunas de las principales causas de mortalidad en México que fueron reportadas por el INEGI en el 2022 muestran una importante diferencia entre hombres y mujeres, como ejemplo tenemos al Covid-19, enfermedad por la cual fallecieron 136,778 hombres y 87,456 mujeres.

De acuerdo con el informe de masculinidad y salud en la región de las Américas del 2019 en población adulta (OPS, 2019), existe una proporción de 190 mujeres por cada 100 hombres, lo cual genera un fenómeno llamado “vejez femenina”.

Las condiciones biológicas no dan una explicación clara a este fenómeno, dejando expuesto que las respuestas se encuentran más allá de los sexos, por lo que los estudios con perspectiva de género han tomado relevancia en los últimos años.

En la Coordinación de Nutrición del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD) se llevó a cabo una investigación sobre la influencia de las masculinidades en la percepción de riesgo y las prácticas de autocuidado en alimentación y salud en los hombres de tres generaciones (jóvenes, adultos y adultos mayores) pertenecientes a la misma línea familiar, con el fin de atender el reciente interés en explorar y comprender qué conocimientos de salud y alimentación, prácticas de prevención de enfermedades y consumo de alimentos pueden estar involucrados con el género.

Con el objetivo de explorar sobre prácticas de autocuidado, construcción de la masculinidad, percepción de riesgo y búsqueda de beneficios, a través de una serie de preguntas abiertas se indagó sobre estilo de vida, percepción física, alimentación e historial de salud.

Entre los hallazgos de este estudio se logró identificar que los factores socioculturales como los medios de comunicación, la comunidad y el nivel socioeconómico tienen una importante aportación en la construcción de las masculinidades, las cuales definen características que distinguen a cada género y que pueden cambiar según las creencias y las tradiciones de cada región.

También se encontró que la influencia de la familia es muy importante como un espacio en donde se filtran los aspectos socioculturales y donde se da un aprendizaje de forma consciente e inconsciente de hábitos y costumbres.

En los participantes de este estudio se destacaron rasgos de masculinidad hegemónica y machista. Los hombres con rasgos de masculinidad hegemónica percibieron algunos aspectos que podían considerarse riesgosos para su vida, por la que se registró cierta apertura en la atención de su salud, condicionada por la necesidad de mantenerse capaces para seguir desempeñando su papel en la sociedad.

Por otro lado, los hombres con rasgos machistas mostraron mayor rechazo a la adecuada atención de su salud y alimentación, considerándolas sólo en casos de que está en riesgo la vida, ya que asocian estas prácticas a lo femenino. Además, tienen una percepción de riesgo lejana e indiferente sobre sus hábitos de alimentación y sobre enfermedades hereditarias o que se desarrollan por un estilo de vida compartido por las familias.

Este trabajo logró identificar un motivo en común en todos los participantes, más allá de los rasgos de la masculinidad que se encontraron. Tanto los hombres que deciden atender su salud y alimentación como los que deciden no hacerlo, coinciden en la misma motivación para la toma de decisiones, que está cimentada en el cumplimiento de los mandatos de la masculinidad, relacionados con el papel de proveedores y protectores, por encima de una conciencia real de su bienestar físico.

Lo anterior puede ser considerado como un acto violento hacia sí mismos, ya que se están negando la atención que requieren para cubrir sus necesidades básicas (Kaufman, 1999), lo cual pudiera explicar las diferencias en mortandad por género.

Además, se identificaron otros aspectos relacionados a la presión social y cultural en las masculinidades, tal como el ideal de la estética corporal, que ha sido un tema más abordado en las mujeres, a diferencia de los hombres, en donde es poco mencionado.

Se encontró una presión/deseo por tener una estatura por encima del promedio y una corporalidad gruesa, sin llegar a ser robusta (con un notable rechazo a la delgadez), considerando estas características como atractivos físicos, por simple estética pero también para cubrir características impuestas por la sociedad sobre los hombres, como la fortaleza y la resistencia física.

Otro aspecto importante explorado en los voluntarios fue el capacitismo en el contexto particular de este trabajo, el cual es un conjunto de creencias que únicamente considera como viable y valioso a un cuerpo capaz, productivo y reproductivo.

A través de este concepto se analizaron las respuestas de los participantes y se encontró que afectaba la percepción del estado de salud, complicando así la aceptación de vulnerabilidad y el emprendimiento de actividades de autocuidado, lo cual les impide reconocer su enfermedad y cuidar así su privilegio capacitista en las relaciones sociales.

Con respecto a las prácticas de alimentación, estas fueron diferentes en cada grupo de edad, aunque se destaca que en todas las generaciones se identificó el gusto por la gastronomía local (productos regionales), además de los transnacionales que día a día ganan más terreno.

En especial los jóvenes mencionaron comer frecuentemente pizza, sushi, “percherones” y “dogos”, a diferencia de los adultos mayores que prefirieron la gallina pinta y la carne con chile, sobre todo acompañados de las típicas tortillas de harina.

Si bien este estudio logró un acercamiento hacia la comprensión de cómo el grupo de participantes aborda los temas de percepción de riesgo y autocuidado en salud y nutrición, también expuso la necesidad de dirigir las campañas de promoción de la salud y la atención de los hombres con un enfoque humanístico, integrando el componente de género para que puedan manejar oportunamente mejores prácticas de prevención y autocuidado.

 

Referencias

Inegi (2022). Estadísticas de defunciones registradas 2021. Comunicado de prensa número 600/2. Recuperado de https://www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/boletines/2022/EDR/EDR2021_10.pdf

OPS (2019). Masculinidades y salud en la región de las Américas. Organización Panamericana de la Salud, Washington.

Kaufman M. (1999). Las siete P’s de la violencia de los hombres. International Association for Studies of Men, 6(2): 6-9.

Autoras: Damaris Carrillo Castañeda, estudiante de la maestría en ciencias, y Gloria Guadalupe Morales Figueroa, investigadora de la Coordinación de Nutrición del CIAD.

 

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *