Las alamedas de Navojoa: Legado verde y memoria del Valle del Mayo

Un recorrido histórico por los árboles que dieron sombra, identidad y memoria a la sociedad navojoense.

Por Emilio Borbón Willis

 

Navojoa/VdM, 19 de agosto

 

La historia de Navojoa está íntimamente ligada a su vegetación, sobre todo al cinturón verde del río Mayo.

Este espacio fue motivo de orgullo para los navojoenses y un tradicional lugar de esparcimiento de fin de semana, a donde los padres de familia llevaban a sus hijos al llamado “Mar de los Pobres”.

En especial durante la Semana Santa, las familias tomaban el camión en el Mercado hacia Pueblo Viejo con una canasta de tacos y un bule para el agua.

Entre las especies vegetales existentes destacaba la ceiba por su gran tamaño y la sombra que brindaba. Esta planta llegó a Navojoa gracias a una donación procedente de Culiacán y se sembraron cuatro ejemplares en cada una de las ocho bocacalles de la Plaza 5 de Mayo, frente al Palacio Municipal.

En cada una de las bocacalles se enterró una botella con información para las futuras generaciones. El documento consignaba el censo poblacional de Navojoa con el número de habitantes hombres y mujeres, registrándose un 20% más de mujeres, tanto en la cabecera municipal como en sus comisarías. Esto, por supuesto, sin contar a los 350 valientes sepultados bajo la Plaza 5 de Mayo que murieron en defensa de su ciudad.

Esa disparidad demográfica se debía a que recién había terminado la Revolución, un conflicto en el que los Mayos aportaron más que ninguna otra región del país su cuota de sangre para restituir el orden y la gobernanza de la mano de destacados sonorenses: Álvaro Obregón, Plutarco Elías Calles y Adolfo de la Huerta, principalmente.

Fue durante el período del general Obregón cuando se transformó la imagen de Navojoa mediante un fuerte impulso a la reforestación y, sobre todo, al inculcar en la niñez el amor por los árboles y la naturaleza; un valor que urge retomar y que exige la acción inmediata de los maestros en todos los niveles educativos.

Fue así como el profesor Leonardo Magaña, director de la escuela primaria ubicada en ese entonces frente a la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, en el centro de la ciudad, les pidió a sus alumnos de sexto grado que salieran al patio y formaran una fila de mayor a menor.

Con la orden de marchar a paso redoblado, el profesor Larrañaga dirigió al contingente hacia la hoy avenida Morelos con rumbo al oriente hasta la diagonal Juárez, para después enfilar por la Sufragio Efectivo No Reelección, también conocida como “La Calzada de los Rotarios”.

Allí los esperaba un pelotón de soldados con una gran cantidad de álamos. Las cepas para sembrarlos ya habían sido excavadas por los militares, pero la instrucción presidencial era clara: debían ser los niños quienes los plantaran y los cuidaran, dando nacimiento así a la primera alameda del Valle del Mayo.

Con el paso de los años, el viento dispersó las semillas aguas arriba del río Mayo, multiplicándolos de forma natural, mientras que la corriente del afluente los sembró aguas abajo. Así nacieron bellos árboles de los cuales aún conservamos algunos ejemplares.

Posteriormente, la familia Salido, emparentada con el Presidente, plantó otras alamedas en predios de su propiedad, como la alameda Guaymitas-Rosales en la hacienda Rosales que les pertenecía- paradójicamente expropiada tiempo después por su propio pariente en favor del ejido Navojoa-.

La misma familia Salido sembró más alamedas en sus vastos terrenos cercanos a los canales de riego, construidos incluso antes de la edificación de la presa Adolfo Ruíz Cortines en 1955. Entre ellos destaca el canal conocido en su honor como “El Salideño”, a lo largo del cual plantaron una alameda que aún se conserva desde Bacobampo hasta el Campo España.

Continuara…

 

*Foto portada cortesía: Video de Jesús Elmer Shacales

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *