Un análisis sobre la obra en el río Mayo: sus fallas hidráulicas, los riesgos operativos y la propuesta para un nuevo Distrito de Riego Indígena.
Por Emilio Borbón Willis
Navojoa/VdM, 09 de agosto

La edificación del muro de contención en Los Pilares, Álamos, acabó con una belleza natural que era orgullo y motivo de la fundación -por orden real llegada desde España- de San Bernardo de los Borbón, comunidad fundada por mis antepasados.
Hoy en día, a esta obra se le puede calificar como la “estafa maestra” de la infraestructura hidráulica, no sólo en Sonora, sino en todo México.
En 1990, el recién creado Distrito de Riego transferido y la Sociedad de Responsabilidad Limitada (S. de R. L.) iniciaron las gestiones para construir una presa más sobre el río Mayo.
Dicha obra estaba contempla dentro del marco del Plan Hidráulico del Noroeste (PLHINO), y el sitio proyectado no era Los Pilares, sino una ubicación más arriba del afluente conocida como Las Garzas.
En aquella ocasión, durante un foro en el Casino del Agrónomo de Navojoa, expuse la inconveniencia de construir dicha obra. La gestión se canceló momentáneamente gracias a que los directivos de los módulos de riego no estaban tan manipulados como en la actualidad, postura que poco después fue ratificada por el Dr. Palacios, especialista del Colegio de Postgraduados de la Universidad Autónoma Chapingo y máxima autoridad en materia de agua en esos tiempos.
Una presa de almacenamiento solamente se justifica si su construcción alcanza alguno de los siguientes objetivos:
A.- Ampliar la frontera agrícola: Es decir, regar mayor superficie. Sin embargo, esto no se logró; al contrario, la superficie se redujo debido al volumen muerto que no puede extraerse.
B.-Generar energía eléctrica: Tampoco se consiguió, a pesar de que se construyó un cimacio o vertedor -una cascada artificial- cuya curva de remanso terminó generando dicho volumen muerto.
C.-Brindar seguridad a las poblaciones situadas aguas abajo: Este fue el argumento central para justificar su construcción. No obstante, lejos de garantizar seguridad, se convirtió en un peligro innecesario.
Según la información técnica disponible, ese muro de contención almacenará 450 millones de metros cúbicos que, a través de la vertedera o vertedor de fondo, desfogarían en un periodo de 9 días. Aplicando las fórmulas de la hidráulica, el desfogue máximo es de aproximadamente 50 millones de metros cúbicos diarios, lo que representa un gasto instantáneo de poco más de 500 metros cúbicos por segundo.
Aquí radica el peligro: en ese punto del cauce se han registrado caudales hasta 10 veces mayores, superiores a los 5,000 metros cúbicos por segundo.
La interrogante técnica es: ¿dónde se encauzará el resto del volumen en caso de presentarse una avenida de esa magnitud?. La situación se agrava al haberse elevado el Nivel de Aguas Máximas Ordinarias (NAMO) en la presa original (Adolfo Ruiz Cortines), eliminando el “colchón de amortiguamiento” que resultaba indispensable para la avenida de diseño.
Es en este análisis donde radica la verdadera “utilidad” de la presa Pilares: sirve como ejemplo de lo que no se debe hacer en materia de ingeniería hidráulica, y de cómo no deben construirse obras innecesarias en ríos con escurrimientos raquíticos.
En su momento, los técnicos aportamos las pruebas e información en contra de estas costosas obras, participando con experiencia y argumentos irrebatibles. Por ello, solicitamos a la Presidenta que parte de los recursos que no se despilfarren en este tipo de presas se destinen a la creación del nuevo Distrito de Riego Indígena “Dr. Samuel Ocaña García”, el cual beneficiará a 5,500 familias, de las cuales casi la mitad pertenecen a la etnia Mayo, y para el cual ya se cuenta con la fuente de abastecimiento de agua identificada.