La salinidad en el agua de riego amenaza la continuidad de las hortalizas y el sustento de miles de jornaleros en Navojoa, Etchojoa y Huatabampo.
Por Emilio Borbón Willis
Navojoa/VdM, 11 de junio

Para comprender el panorama económico actual, debemos partir de una premisa fundamental: la agricultura es el motor principal del Valle del Mayo.
Durante el presente ciclo, esta actividad se vio mermada significativamente por una reducción cercana al 50% en la producción de trigo, consecuencia directa del exceso de calor y la falta de horas frío durante el ciclo vegetativo del cereal.
No obstante, la crisis trasciende al trigo. Este cultivo requiere un número limitado de jornales, concentrándose principalmente en operadores y regadores. En contraste, la horticultura demanda un promedio de 50 jornales por hectárea, representando una derrama económica vital para miles de trabajadores del campo en Navojoa, Etchojoa y Huatabampo; una actividad que, lamentablemente, está por concluir esta temporada.
La prolongación de la actividad agrícola en las hortalizas no depende solo del agua disponible, sino de la calidad de la fuente de suministro. Al cerrar la presa, el riego depende exclusivamente del agua del subsuelo extraída mediante baterías de pozos en el Distrito de Riego.
El problema radica en que gran parte de estos afluentes presentan altas concentraciones de sales, resultando letales para las hortalizas y tornando el cultivo no redituable, lo que golpea directamente el empleo rural.
Aun con la presa en operación, la zona hortícola de Huatabampo —la más productiva por su microclima— enfrenta este riesgo.
Los pozos con mayor salinidad descargan en canales como el “3+300”, que corre paralelo a la carretera Navojoa-Huatabampo. Si bien en el tramo del kilómetro 0 al 14.5 el agua de presa es predominante y la mezcla es aceptable, la situación cambia drásticamente a partir del kilómetro 14.5, donde descargan los pozos identificados con mayores niveles de sales.
Ante este escenario, es urgente actualizar los datos sobre la calidad del agua. Se requiere estudiar con precisión la relación presa-pozos, calculando en cada tramo el volumen de mezcla y analizando cómo influye en el pH y, principalmente, en la conductividad eléctrica.
Históricamente, utilizábamos como referencia las partes por millón (ppm) de sales. Un pozo con 1,000 ppm equivale a un gramo por litro, o un kilogramo por metro cúbico. Esto implica que, en un riego de 10 centímetros (mil metros cúbicos por hectárea), estamos aplicando una tonelada de sales al terreno. Si los drenes circundantes no están en condiciones óptimas, el impacto en la parcela es devastador.
Gestionar un distrito de riego va mucho más allá de abrir compuertas y cobrar el servicio; es hora de volver a la agricultura científica para proteger nuestro patrimonio y el sustento de nuestra gente.