El Senador por Sonora señala riesgo de control editorial y efecto inhibidor en medios.
Ciudad de México/VdM, 01 de agosto

Los Lineamientos Generales para la Protección de los Derechos de las Audiencias, promovidos por el Gobierno Federal y el partido oficial, son un mecanismo silencioso y muy peligroso de control editorial y censura previa, consideró el senador por Sonora, Iván Jaimes Archundia.
La iniciativa ha encendido las alarmas en medios de comunicación críticos, partidos de oposición, activistas y especialistas en derecho a la comunicación, que advierten que abre la puerta a mecanismos que podrían derivar en censura y autocensura.
“A primera vista, el concepto suena noble. ¿Quién podría oponerse a proteger a las audiencias?. Todos queremos contenidos de calidad, respeto y veracidad en la radio y la televisión”.
“Sin embargo, cuando lo analizamos, lo que encontramos no es protección, sino un mecanismo silencioso y muy peligroso de control editorial y censura previa”, sostuvo Jaimes Archundia en sesión de la Comisión Permanente del Congreso.
Trampa…
El legislador sonorense consideró “una trampa” la propuesta de separar la información de la opinión, ya que obliga a periodistas y comunicadores a hacer una distinción explícita, en tiempo real, entre lo que es información objetiva y opinión personal.
“¿Quién decide dónde termina un hecho y dónde empieza la interpretación?”, cuestionó.
“La figura del defensor de las audiencias como un censor disfrazado no es más que la obligación que se impone a los medios de someterse a figuras de supervisión con facultades para intervenir en líneas editoriales”, argumentó.
Cuando el Estado le dice a un medio, sea privado o público, cómo debe autorregularse y bajo qué criterios rígidos debe supervisar a sus conductores y reporteros, no está defendiendo al público, está interviniendo en la redacción, subrayó.
Efecto inhibidor…
Resaltó que esto genera un fenómeno bien conocido en el derecho constitucional llamado “efecto inhibidor”: el periodista, ante el temor de infringir un lineamiento ambiguo o ser sancionado por el regulador, opta por no investigar, no criticar y guardar silencio.
Explicó que la sobrerregulación es el camino hacia la censura previa. Nuestra Constitución y los tratados internacionales, particularmente la Convención Americana sobre Derechos Humanos, son categóricos: la censura previa está prohibida.
Finalmente, advirtió que al imponer reglas de contenido tan minuciosas sobre lo que se puede o no emitir, bajo el pretexto de proteger a la audiencia, el regulador cruza la frontera de la responsabilidad posterior e ingresa de lleno en la censura previa directa.