Estimulan el ahijamiento de la planta.
Por: Emilio Borbón Willis
Navojoa/VdM, 11 de enero

En el Valle del Mayo, durante la década de los ochenta, realizamos cerca de mil experimentos agrícolas. Dichos ensayos se enfocaron en riegos, fertilizantes y aplicación de herbicidas, insecticidas y fungicidas, entre otros.
Estas investigaciones eran dirigidas por el entonces Centro de Investigaciones Agrícolas del Noroeste (CIANO), hoy rebautizado como Centro de Investigación Regional del Noroeste (CIRNO).
Enla entonces Secretaría de Recursos Hidráulicos (SRH), contábamos con dos departamentos estrechamente coordinados con el CIANO: el de Parcelas de Prueba y el de Experimentación Agrícola.
Cada uno se encargaba de validar en campo los resultados de los técnicos investigadores, sembrando a nivel comercial con agricultores cooperantes. Estos productores se comprometían a aplicar las dosis y fuentes de fertilizantes indicadas, respetar los calendarios y láminas de riego, y emplear los productos específicos para el control de plagas y enfermedades fungosas.
En aquel tiempo, el campo contaba con un sólido apoyo y presupuesto gubernamental. Era un privilegio para los técnicos de diversas universidades de México venir al Valle del Mayo a realizar sus estudios de posgrado; especialmente para los especialistas de la Universidad Autónoma Chapingo. Por aquí desfilaron los mejores expertos en irrigación de Latinoamérica, sobresaliendo los doctores Palacios, Tijerina y Chávez Morales, entre otros no menos valiosos.
Tuve la fortuna de colaborar con estos grandes especialistas y aprender de ellos directamente en el campo, así como a través de sus estudios de posgrado, los cuales les valieron reconocimiento en México y Latinoamérica.
En el área de Riegos, fueron fundamentales las investigaciones del Dr. Ildefonso de la Peña, cuya reconocida metodología de “cuándo, cómo y cuánto regar” se aplicó en cada uno de los cultivos regionales y en todos los tipos de suelos de los valles del Yaqui y Mayo.
Gracias a este trabajo, se validó y cuantificó el beneficio del frío en el metabolismo del trigo. En condiciones óptimas, las bajas temperaturas estimulan el ahijamiento de la planta, la cual puede producir hasta 140 “hijos” por ejemplar; cada hijo representa una espiga y cada espiga aporta aproximadamente 30 granos. Saquen ustedes sus cuentas.
Actualmente, el cambio climático y la escasez de frío han obligado al productor a sembrar con una densidad superior, alcanzando a veces los 200 kilogramos de semilla por hectárea, cuando en un año con clima favorable bastarían 60 kilos. Este incremento eleva los costos de producción y reduce las ganancias.
Por esta razón, el frío es de vital beneficio para el trigo, de la misma forma que el fotoperiodo (horas-Sol) lo es para el maíz. Esperemos, pues, más horas de frío.