Las familias de ese país nórdico, ubicado a 10 mil kilómetros de distancia de México, realizan cada viernes el “Fredagstaco” (Viernes del Taco).
Navojoa/VdM, 26 de junio

Resulta interesantre pensar que, al caer la tarde de un viernes en los fríos fiordos noruegos, miles de familias se preparan para un ritual que les resulta tan familiar como a nosotros lo es el aroma de una taquería en Navojoa.
Se le conoce como el “Fredagstaco” (Viernes de Tacos), y aunque el nombre nos suene a casa, la experiencia es un viaje distinto a través de la identidad.
Noruega, un país que geográficamente parece el antípoda de nuestro Sonora, se ha convertido sorprendentemente en el segundo consumidor de tacos per cápita en el mundo.
Así nació la tradición…
La historia comenzó en los años 90, cuando el mercado Tex-Mex aterrizó en tierras nórdicas a través de la aoertura de restaurantes ofreciendo comida mexicana, aunque más bien estilo de los Estados Unidos.
Lo que inició como una curiosidad comercial terminó arraigándose como una “religión” de fin de semana.
Mientras que en nuestra tierra el taco es la esencia de la inmediatez – el sabor callejero que nos salva el día o el antojo nocturno tras una jornada laboral-, en Noruega el taco es una ceremonia de pausa.
Es el momento en que, tras sobrevivir a la gélida y exigente semana laboral, el hogar se transforma.
Las familias noruegas no buscan el taco en una esquina; lo construyen en su mesa. Es su particular forma de asado o su propia versión de la pizza familiar: un pretexto para el encuentro, el alivio y la calidez.
¿Qué hay en el plato?…
Si un taquero de nuestro Valle del Mayo se sentara a una mesa en Oslo, se encontraría con una sorpresa.
El alma de nuestra gastronomía, la tortilla de maíz nixtamalizado, es reemplazada allí por taco shells- aquellas cáscaras crujientes que poco tienen que ver con nuestra suavidad tradicional- o tortillas de harina fritas que delatan una influencia estadounidense evidente.
El relleno es un lienzo doméstico: carne molida con especias, queso amarillo, lechuga, tomate y, curiosamente, aderezos que incluyen crema agria o hasta salsas de frutas.
Nada que ver con nuestros adobos profundos, la complejidad de nuestros chiles regionales o la frescura de una cebollita con cilantro y limón. El taco noruego es “comida de confort”: es suave, es predecible y está diseñado para el frío.
Nuestro “embajador”…
A pesar de la distancia abismal en técnica y sazón, no podemos más que mirar con respeto este fenómeno.
Que el taco sea hoy uno de los cuatro principales “platillos nacionales” en la lejana Noruega- y también en su vecina Suecia- nos habla de la inmensa fuerza cultural de México.
Quizás para el purista, el Fredagstaco sea una versión lejana a la realidad, pero es innegable que nuestro taco ha logrado algo extraordinario: cruzar el océano para convertirse en el lenguaje común de la unión familiar en una cultura que vive a miles de kilómetros de distancia.
Al final, no importa si la tortilla es crujiente o suave, lo que prevalece es esa mágica capacidad de nuestra gastronomía para transformar una noche de viernes en una celebración de la vida.
El diplomático Dag Nylander de la embajada de Noruega en México explica la forma de preparación del “taco noruego”.
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