Cuando cuidar vidas también duele

Una conversación urgente sobre la salud emocional veterinaria.

Por: Asociación de Médicos Veterinarios en Pequeñas Especies del Mayo (Vepesma)

 

Navojoa/VdM, 27 de diciembre

 

Durante años hemos hablado de bienestar animal, de salud pública, de control poblacional y de responsabilidad social.
Sin embargo, hay un tema que rara vez se menciona y que hoy necesita ser escuchado con seriedad: la salud emocional de quienes ejercen la medicina veterinaria.

Las y los médicos veterinarios somos testigos cotidianos del dolor, la enfermedad, el abandono y, en ocasiones, de la despedida definitiva.
Atendemos emergencias de madrugada, tomamos decisiones críticas en minutos y acompañamos a familias en uno de los momentos más vulnerables de su vida. Todo esto se hace con vocación, compromiso y amor por los animales, pero no sin un costo humano.

Detrás de cada consulta, cada cirugía y cada guardia nocturna hay personas que sienten, que se cansan y que muchas veces cargan en silencio una responsabilidad emocional enorme.

La sociedad suele ver el resultado final —el paciente atendido, el tratamiento indicado— pero pocas veces ve las horas sin dormir, la presión constante, el miedo a equivocarse y el peso emocional de no siempre poder salvar.

Hablar de la salud emocional del gremio veterinario no es un acto de debilidad, es un acto de responsabilidad social.

Un profesional emocionalmente agotado no sólo sufre en lo personal, también ve comprometida su calidad de vida y su desempeño.
Cuidar a quienes cuidan vidas animales también es una forma de proteger la salud pública.

Desde Vepesma consideramos urgente abrir esta conversación, no sólo dentro del gremio veterinario, sino con toda la comunidad.

La empatía, el respeto y la valoración del trabajo veterinario son fundamentales para construir una sociedad más consciente y solidaria.

Por ello, proponemos acciones concretas:

•Fomentar una cultura de respeto hacia el personal veterinario, entendiendo que la medicina no siempre tiene resultados absolutos.
•Impulsar espacios de apoyo emocional y acompañamiento profesional dentro del gremio.
•Promover la educación del propietario, para comprender los alcances reales de la medicina veterinaria y la corresponsabilidad en el cuidado animal.
•Reconocer el valor social de la profesión veterinaria, no sólo en campañas visibles, sino en el trabajo silencioso y constante del día a día.

En este cierre de año, más allá de cifras o estadísticas, queremos hablar de personas. De quienes elegimos esta profesión por amor a la vida animal y que seguimos aquí, incluso cuando el cansancio pesa y el reconocimiento no siempre llega.

La salud pública también empieza por quienes la sostienen.

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